Si estás leyendo esto, probablemente te estés enfrentando a uno de los momentos más temidos —y a la vez más glorificados— de la vida universitaria: el Trabajo de Fin de Grado, más conocido como TFG, o como algunos lo llaman cariñosamente, Tu Final Grandioso (o Tu Finde se Gastó, depende de cómo lo lleves).
Pero vayamos por partes.
¿Qué demonios es un TFG?
El TFG es ese proyecto final que toda persona universitaria tiene que entregar para obtener su preciado título. Es como el último jefe del videojuego académico: solo que en vez de espadas o hechizos, necesitas bibliografía, Word, café y, sobre todo, paciencia. Mucha paciencia.
El objetivo del TFG es demostrar que has aprendido algo durante la carrera. Algo más que hacer trabajos en grupo la noche anterior y sobrevivir a exámenes con tres horas de sueño. Así que toca investigar, escribir, reflexionar… y sobrevivir al formato APA.
Tipos de TFG (o cómo elegir tu propia aventura)
Aquí no hay una única fórmula mágica. Según el grado, el departamento y tu tutor (sí, ese ser mítico que a veces responde correos), puedes enfrentarte a distintos tipos de TFG:
TFG experimental o aplicado: haces un proyecto real, aplicas una metodología, haces entrevistas, encuestas o experimentos, y luego cuentas qué has descubierto. Ideal para personas a las que les gusta ensuciarse las manos con datos.
TFG de diseño o creación: si estudias algo como diseño, arte o arquitectura, tu TFG puede ser una obra o producto original. Aquí se valora el proceso creativo y la justificación teórica.
TFG de revisión bibliográfica: también conocido como el detective de la literatura académica. Te sumerges en la jungla de artículos científicos, libros y tesis, y sacas a la luz qué se ha dicho ya sobre un tema. No haces experimentos, pero sí una investigación en toda regla.
Y aquí es donde quiero pararme un momento, porque la revisión bibliográfica está infravalorada, y en realidad es una opción genial.
La revisión bibliográfica: el arte de leer (mucho) y pensar (aún más)
Hacer una revisión bibliográfica no es solo copiar párrafos de aquí y allá hasta llegar a 30 páginas. ¡Error fatal! Se trata de seleccionar cuidadosamente fuentes relevantes sobre un tema, compararlas, analizarlas, buscar conexiones, contradicciones, vacíos… y al final, construir un mapa claro del conocimiento actual.
Piensa en ti como en el Google académico de tu tema: tu misión es filtrar lo importante, organizarlo con sentido y explicar qué aporta cada autor y qué falta por investigar. Si lo haces bien, tu TFG no solo será útil, sino que podrá servir como referencia para futuras investigaciones.
Además, si eres de los que prefieren leer y escribir sin tener que salir a hacer encuestas en la calle o lidiar con SPSS, esta modalidad es ideal para ti.
En resumen
El TFG puede parecer un monstruo al principio, pero si eliges bien el tipo de trabajo que más se adapta a ti (y a tu tiempo disponible), el camino será mucho más llevadero. Y si optas por la revisión bibliográfica, no pienses que es la vía fácil: es una forma profunda y valiosa de investigar, solo que con menos tablas de Excel y más subrayadores.
Así que ahora que ya sabes qué es un TFG y los tipos que hay… ¡en el próximo apartado te cuento cómo elegir un buen tema sin volverte loco/a!